EL COLOR DEL FUEGO

Teniendo al mismo tiempo un dejo de gravedad y de ingravidez, sus caballos y jinetes trascienden sus telas hacia un espacio real y creíble.  Imaginé que era el País Equino donde los caballos son tan grandes  y Fuertes como lo es la tierra, y que la gente era pequeña, protegida y feliz como si fueran niños.  Las personas demuestran su afecto por estos equinos terrenos con danzas acrobáticas. El contraste entre la estabilidad al interior de la forma de greda y los movimientos alegres es una sensación muy agradable.  Es como una niñez feliz que se desenvuelve sostenida por la invariable estabilidad del amor de una madre.

 

Akio Takamori 

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Andrew Livingstone

Akio Takamori